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SIXTO PAZ WELLS
"EL
PERDON"
¿Qué es el amor sin el
perdón? Como una rama de
un árbol sin hojas, con
la esperanza de que
llegue la primavera,
para que nuevamente haga
aparición la vida.
El verdadero amor nos lo
enseñó Jesús y consiste
en saber perdonar,
perdonarse así como
pedir perdón. No puede
ser que personas que
consideran que aman a
alguien, vivan en el
resentimiento que
envenena la vida,
endureciendo los
corazones, así que allí
tenemos un gran
ejercicio mutuo, el del
perdón. Todos tenemos
que perdonarnos, pedir
perdón y perdonar todos
los días, porque
fallamos, porque nos
equivocamos, porque
omitimos, porque dejamos
cosas por
sobreentendidas, porque
no valoramos, porque en
suma no vemos muchas
veces más allá de
nuestros ojos en el
corazón de los demás.
Y que maravillosa es la
reconciliación; que
alegría y felicidad; que
paz y sosiego nos brinda
el ser capaces de
reconciliarnos con
nosotros mismos, con los
demás y con la vida. ¡Por
favor! Dense esa
oportunidad, si verdad
se aman o si quieren
aprender a amar. No se
castiguen con el
resentimiento, no
destruyan sus vidas por
el orgullo y la soberbia.
Lo importante en la vida
no es lo que hiciste o
dejaste de hacer, por
que ya pasó y ello no
puede ser cambiado, sino
lo que realmente tiene
importancia es lo que
aún no has hecho; sí,
todo lo que puedes hacer
aún, y lo que puedes dar
de ahora en adelante,
porque la vida es
esperanza de lograr lo
que no logramos antes. Y
si la vida nos da la
oportunidad de
corregirnos y mejorarnos
con cada nuevo día, ¿por
qué no nos la vamos a
dar nosotros?
En todo esto hay que ser
práctico, ya pasó ¿y
ahora que sigue adelante?
Debemos preguntarnos ¿cómo
podemos cambiar las
cosas? ¿Qué podemos
hacer para remediarlas?
Pues la respuesta es
sencilla pero difícil de
realizarla cuando
nuestro orgullo nos lo
impide. Saber pedir
perdón, perdonarnos y
perdonar. No podemos
exigir que nos perdonen,
pero podemos dar el gran
paso solicitándolo con
humildad. Recordemos que
no cede el más débil,
sino muchas veces el más
fuerte, lo cual lo
fortalece a uno aún más.
Hay quien teme perder en
esto la dignidad y el
honor, muy por el
contrario, el amor
engrandece, dignifica y
honra a quien sabe
demostrarlo con humildad.
Y no importa quien haya
sido el culpable, quien
lo provocó o cómo empezó.
Por el contrario debemos
saber sopesar ¿vale la
pena seguir así
adoloridos, lastimados,
amargados y sufriendo
inútilmente? ¿A quien
beneficia éste dolor y
malestar? ¡Simplemente a
nadie! ¡Salgamos de él
entonces! Busquémosle el
remedio que es muy
sencillo y eficaz,
directo al problema: la
reconciliación.
Hay que ser siempre
parte de la solución y
no parte del problema en
las relaciones humanas,
que por ser humanas son
imperfectas, sujetas a
errores, a malentendidos,
a equivocaciones.
Ciertamente hay personas
que les cuesta más
expresar lo que sienten,
a pesar de que en otros
aspectos de la vida son
muy expresivos, sino
recordemos a Cyrano de
Bergerac, quien era tan
diestro en la espada,
tan locuaz en la palabra,
tan creativo en la rima,
tan profundo y capaz en
improvisar y hacer
poesía, y sin embargo
era incapaz de expresar
su amor a Rosanna.
Recuerden amados amigos
que no podemos
acercarnos a la
presencia del Profundo
para presentar nuestras
ofrendas si antes no nos
hemos reconciliado con
el amigo, con el hermano,
con la pareja, con
nuestros padres, con
nuestros hijos, con la
vida y con nosotros
mismos.
Somos humanos, tenemos
errores y defectos, y
probablemente por ellos
nos haremos daño y
dañaremos una y otra vez
en el largo camino de la
existencia, pero tenemos
ese don del cielo que es
la sanación, la sanación
en la palabra, en la
sonrisa, en la mirada,
en las manos y en el
corazón. De esa sanación
el Maestro Jesús dijo
que se activaba con la
fe y el trabajo interno,
ese trabajo que hay que
hacer para moldear el
carácter, vencer el
orgullo, superar la
timidez, doblegar la
soberbia. Ayudemos a
curar el corazón cristal
del planeta aportando la
sanación del amor en el
perdón y la
reconciliación de todos
con todos.
Por tanto si nos amamos,
debemos ser capaces de
perdonar y aceptar al
otro tal como es, y no
querer cambiarlo a él,
sino cambiar nosotros
para que viéndonos
reflejados los unos en
los otros, podamos
ayudarnos a ser mejores
cada día inspirando al
otro con ejemplo.
La vida es tan breve y
la oportunidad de
disfrutar los unos de
los otros es tan corta
que no deberíamos darnos
el lujo de lastimarnos,
ni pasar demasiado
tiempo lastimados
aferrándonos al dolor,
porque todo ello no es
constructivo ni sano. Y
nunca es tarde para
reconciliarnos, mas bien,
no esperemos a que sea
imposible en esta
encarnación que podría
terminar en cualquier
momento dejando
pendientes.
La vida tiene muchas
noches oscuras que
sobrevendrán solas sin
que las busquemos, como
para que nosotros las
fabriquemos con
actitudes que no
conducen a la luz y a la
alegría, sino a la
oscuridad, la tristeza,
la amargura y la soledad.
Si hoy herimos hoy
sanamos, porque lo único
y más maravilloso que
hoy tenemos, es el día
de hoy para
reconciliarnos.
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